BALLET DE CÁMARA DE LA ÓPERA DE PRAGA. CRÍTICA. Imprimir
Escrito por JOSÉ R. DÍAZ SANDE.   
Lunes, 10 de Mayo de 2010 12:31

BALLET DE CÁMARA
DE LA ÓPERA DE PRAGA

[2005-10-01]

El Ballet de Cámara de la Ópera de Praga - creado en 2003 con bailarines del Ballet Estatal de la Ópera - se presenta con cuatro coreografías de distinto estilo y de distinto talante.

DANZA EN EL CENTRO CULTURAL
DE LA VILLA DE MADRID

BALLET DE CÁMARA
DE LA
ÓPERA DE PRAGA


Título: Zaskok/Stand in
Música: Franz von Supe
Libreto: Pavel Smok, Vladimir Vasut.

Título: Sonata de Kreutzer.
Música: Leos Janácek.
Libreto: Pavel Smok.

Título: Stabat Mater.
Música: Antonin Dvorak

Título: Sinfonietta
Música: Leos Janácek.

Coreografías: Pavel Smok.
Compañía: Ballet de Cámara de la Ópera de Praga.
Estreno en Madrid: Centro Cultural de la Villa
(Veranos de la Villa), 27 – VII – 2005.

Zaskok/Stand in

El Ballet de Cámara de la Ópera de Praga - creado en 2003 con bailarines del Ballet Estatal de la Ópera - se presenta con cuatro coreografías de distinto estilo y de distinto talante. Hace años ya había aparecido por el Teatro de la Zarzuela, y en aquel entonces Pavel Smok, su coreógrafo, se presentaba como un rompedor de fórmulas. Hoy nos muestra un recorrido antológico de su trabajo coreográfico, en el que destaca el buen hacer de los bailarines, aunque queda en segundo lugar lo novedoso o la rotura de esquemas antiguos para ofrecer otros nuevos.

Algo que vale la pena destacar, al menos a mí me ha impactado, es un trabajo más allá del propio baile. Los bailarines de Smok poseen un alto grado interpretativo, hasta el punto de hacerse irreconocibles de una a otra coreografía y dejar que sea el personaje quien aparezca. Se ha sabido entrar en la piel del personaje y no quedarse en el mero ejecutar técnicamente unos movimientos o unos pasos.

Zaskok/Stand in pertenece al género paródico del ballet clásico y del mundo petulante de ciertos bailarines estrellas. Una parodia desde el punto de vista del cariño por la danza clásica y por esos seres que son los bailarines, aunque haya que aguantarles ciertos despropósitos. Un estudio de danza, con barra incluida, es el posible escenario de ensoñación para una limpiadora que cambia una de sus botas por la zapatilla de ballet. Otros personajes irán apareciendo: los bailarines estrellas, el coreógrafo marchitado en sus músculos por la edad, el nuevo candidato ilusionado –un tanto patán – que impacta al coreógrafo más por su aspecto físico que por sus dotes balletísticas. Todos, de una u otra manera, poseen su punto flaco, incluso el bailarín estrella: en este caso su lesión. Ello hace que se tenga que recurrir a la sustitución con dolor para los lesionados, pero con optimismo por parte de los sustitutos, así como el poder salir del paso ante el respetable.

Al principio cuesta entrar en el humor, y se teme lo peor: la falta de gracia o la repetición de tópicos. No obstante tal temor es infundado.
 


Zaskok/Stand in
A nivel dancístico hay un elaborado estudio al apuntar el paso o movimiento clásico en su pureza y destruirlo inmediatamente en forma humorística. A la larga no es fácil este trabajo desconstructor, pero es lo que convierte la parodia en una fina ironía hacia algo – el ballet clásico – que cuando es virtuoso, siempre engancha.

Sonata de Kreutzer (1923), con música del compositor checo Leos Janácek (1854 – 1928) se inspira en el homónimo de León Tosltoi: Sonata a Kreutzer. Se trata de la tragedia de un hombre – Pózdnyshev - que al desplomarse su matrimonio, reflexiona acerca de los valores predominantes en una sociedad en la que, supuestamente, la rectitud es piedra angular. Es una narración breve – Ana Karenina, Guerra y Paz son novelas largas y por las que más conocemos a Tolstoi - que muestra el ingenio narrativo. La intención de Tolstoi era poner en solfa una doble moral de la burguesía de entonces.

El libreto que reescribe Pavel Smok, a partir de la composición de Janácek, se centra en el trío amoroso: ella, el marido y el amante. Y en programa de mano se nos aclara, que la situación planteada por Tolstoi le sirve para mostrar “como suelen ser la mujeres las víctimas del amor y los celos”. Esto da pie a ir construyendo coreográficamente pasos a dos que se entrelazan con paso a tres. El trío – imposibles los nombres por falta de documentación en el programa de mano – muestra una gran fluidez y una precisión en movimientos que se hacen y deshacen con rapidez, expresando gran dramatismo. La calidad dramática de los intérpretes hace de esta Sonata un bello ejercicio coreográfico, en el que la bailarina – al ser la protagonista - destaca especialmente.

Stabat Mater (1879) lo compuso Antonin Dvorak (1841-1904), tras la muerte de sus dos hijos. Para la cultura cristiana el referente es muy preciso: la Virgen, madre dolorosa ante la pasión del Hijo. Se trata, pues, de una música religiosa, que, probablemente, le sirve a Dvorak para reflejar el mismo sentimiento de dolor: muerte del hijo en la Virgen, muerte de sus dos hijos. La coreografía que Smok construye posee un tono de austeridad que se prolonga en el mismo vestuario. La salpica de referencias históricas: los puñetazos, la elevación del protagonista en cruz hacia las alturas, la insinuada Pietá… Este discurso traducido en religioso, para quien conoce la historia bíblica, sirve también para quien no la conozca, puesto que termina por adquirir el carácter universal de la agresión y la muerte del mundo que nos rodea. Los bailarines comienzan con una venda en los ojos y terminan volviéndosela a poner, como si nada hubiera sucedido. Es la venda que nuca se quiere quitar el mundo.

Hay amplios desplazamientos de los bailarines – ellos y ellas -, así como la formación grupal de unos y otros. Se entrevera apuntes de extensiones clásicas con discretas formas de danza más contemporánea. El conjunto vuelve a mostrar su buena técnica y su buena labor interpretativa. Stabat Mater termina por convertirse en una meditación. Tema, música y coreografía conducen a ello.

Sinfonietta (1926), de Leos Janácek es una explosión de vida, que contrasta con la coreografía precedente. En palabras de Janácek. “muestra al hombre libre de hoy, la belleza de su alma, su alegría, su coraje y su fuerza para luchar hasta la victoria”. Vestidos de blanco - ellos y ellas – abunda en la composición circular que produce un sentido de esponjamiento y de alegría. El pequeño salto de desplazamiento proporciona gracilidad a todo el conjunto.

Aunque las cuatro coreografías son independientes, al presentarlas conjuntamente, me parece entrever un cierto hilo conductor, en la línea de sentimientos que embargan al ser humano: humor en Zaskok/Stand in, opresión y duda en Sonata de Kreutzer, dolor y resignación en el Stabat Mater y coraje para seguir hacia delante en Sinfonietta. Lo que el Ballet de Cámara de Praga nos ha ofrecido es una descripción del interior del hombre.

A nivel de bailarines cuenta con un elenco sólido, de los cuales el programa de mano no nos ha proporcionado sus nombres. ¡Lástima!
 
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José Ramón Díaz Sande
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