Galanteos en Venecia.Crítica Imprimir
Escrito por José R. Díaz Sande   
Miércoles, 04 de Noviembre de 2015 12:44

GALANTEOS EN VENECIA
BELLOS GALANTEOS MUSICALES

   MG 1841 b copia 
  FERNANDO LA TORRES / SONIA DE MUNCK
FOTO: T. ZARZUELA 

Galanteos en Venecia, un éxito en el estreno de 1853,  se recluyó en el silencio en la posteridad hasta este 2015 que abre temporada en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. La programación de este título entra dentro de la idea de recuperación de títulos olvidados, pero, en esta ocasión,  con más protagonismo que otros, ya que su silencio fue tal que ninguna Compañía se ocupó de él, como tampoco la discografía, aunque fuera de arias sueltas, y los conciertos tampoco se alimentaron de él. Al menos hasta el momento no se tienen noticias. A lo más, se conserva una partitura autógrafa y los materiales de la orquesta (1852) en la SGAE, otra autógrafa y dos partituras para piano y canto, incompleto, en la Biblioteca Nacional de Madrid. Con estos antecedentes Galanteos en Venecia se puede calificar de estreno para toda una generación, pues es difícil que quede algún superviviente con 162 años.

Paolo Pinamonti, ex-director del Teatro de la Zarzuela, fue el artífice de esta reposición, tal vez por aquello de Venecia - veneciano es él - y según confesión propia por la excelencia de la música. Decidido el título se conminó a Víctor Sánchez a realizar la Edición Crítica de la partitura. Se buscó a un director de escena, que, en este caso, no era fácil, pues, a tenor de las crónicas de la época, el libreto no pintaba muy bien. El elegido fue Paco Mir, al cual Paolo le tenía afección, como hombre de escena eficaz, por su encuentro en Los Sobrinos del Capitán Grant, con quién comenzó su andadura como director del Teatro de la Zarzuela. La lectura del libreto, por parte de Paco Mir, confirmó la sospecha de la debilidad de la historia contada, a la par que confusa. Habría que devanarse los sesos para dar un toque atractivo a la narración con batalla de por medio. De todos modos, Paco, intoxicado por la promesa de los entendidos de que se trataba de una atractiva partitura, que después pudo oír a piano, pronunció el "Sí, quiero" y se confió a sus musas. El resultado final, por decirlo de una vez, es más que satisfactorio tanto del libreto como, sobre todo,  de la partitura musical.

El trabajo de maquillaje a que ha sometido el texto lo hacen soportable. La historia serpentea a través de enredos amorosos llenos de equívocos y de posibles infidelidades, donde no falta el abuso del poderoso, personificado en el conde Grimani. En lontananza la lucha contra los turcos, refriega habitual en la Venecia del siglo XVI. El entramado argumental interesa poco, con lo cual todo queda en un inocente juego amoroso.

Paco Mir en su intento de darle algo más de entidad y agilidad a la parte argumental, traslada esta historia del siglo XVI a la grabación en plató con público - un falso directo -, que se rigen por las leyes de ¡claqueta...!, ¡Corten!, ¡Repetimos!, ¡Aplaudan!... Este juego, no nuevo, le permite trocear los tres actos en 30 escenas

y el cambio del escenario, sin forzamiento, a la vista del público. También un doble desdoblamiento de los personajes: los de la historia veneciana y los que aparecen, después del ¡Corteeen!. Faceta esta última que no va más allá, puesto que no se desarrolla otra historia entre los personajes-actores, que podría haberse dado. Los amoríos del XVI y los actuales.

Hay un personaje más: el público televisivo, que somos el público que asistimos al teatro. En televisión se han emitido series dramáticas con público en plató. Unas eran en directo total y otras con cortes, lo cual permite el grabar por bloques televisivos. Esta última es la elegida por Paco Mir. En esta ocasión la intervención del público televisivo - nosotros - es casi nula. Hay una invitación un poco más directa como la pregunta de Pepín Tre - regidor y obligado sustituto de uno de los personajes venecianos por ausencia del contratado - al público para discernir de que "chorizamen" o "quesamen" quiere el bocadillo prometido. Ya se sabe que en programas, lo mismo que en actos políticos, premian a los asistentes con un bocadillo y el autobús pagado. Esta invitación gastronómica ya se le ocurrió a La Cubana en su espectáculo de parodia revisteril Cómeme el Coco Negro - quiero pensar que Paco pretende un guiño y homenaje a La Cubana y no un plagio -, pero la respuesta es muy distinta, porque los públicos son diversos. Mientras el de La Cubana se lo pasa en grande a mano alzada para elegir uno u otro ingrediente alimenticio - después los bocadillos aparecerán y se repartirán entre el público -, en la Zarzuela, por edad o pudor, al menos el día que yo asistí, todo queda en un silencio que Pepín Tre no consigue animar. Es un quiero y no puedo. A tal timidez participativa, además del pudor del público, colabora el que la propuesta se lanza desde el proscenio y no hay una inclusión del propio Pepín en el patio de butacas. Así pues, este invento de grabación con público, a nivel narrativo sólo sirve para facilitar las transiciones escenográficas, pero no mucho más. De todos modos, no molesta y se ve con agrado y cierta sonrisa.

Como contrapartida lo que está muy bien resuelto es la dirección de actores, tanto a nivel interpretativo como de movimiento. Paco Mir ha encontrado la forma de mover escénicamente la partitura, que es muy bella, bien sea con el traslado de los módulos o de los personajes, tanto en interludios orquestales como en las partes cantadas. Sobresale, en este aspecto, el deambular de la condesa Grimani (Cristina Faus) a través de imaginarios corredores de palacio, en el que el espacio escénico parece danzar a ritmo musical. 

Es de alabar la interpretación actoral de los cantantes, que no se pierde tampoco en las partes musicales. También es verdad que a estas alturas tal virtud no es nueva tanto en el mundo de la ópera como en el de la zarzuela. Hay que reconocer que las comedias musicales anglosajonas han esponjado el hieratismo del tradicional "bel canto", y le han aportado movimiento y ritmo.

Lo más destacable de este título es la partitura musical con un total de 19 números musicales, que deambula por la línea "belcantista", en la que no faltan temas más populares sean italianos o españoles, como es la canción andaluza del Capitán español Don Juan (José Antonio López) en lid con la barcarola del Conde Grimani (Carlos Cosías), de corte veneciano. Aquí el ingenio musical de Barbieri busca lo más difícil todavía al entremezclar ambas serenatas. A lo largo de toda la partitura es reconocible el estilo Barbieri que aparecerá en su postriores zarzuelas grandes, y el gusto - imagino para emular a la ópera tan deseada por nuestros compositores - por recurrir a un despliegue amplio de tesituras vocales: soprano, mezzosoprano, temor, barítono, bajo y tenor cómico. Ello le permite crear vistosos juego de voces en tercetos y números de conjunto. Lo que sí es muy reconocible es el estilo Barbieri, por su concertantes y tercetos e, incluso, creí reconocer una frase musical exactamente igual a otra suya en Jugar con Fuego.  

De este paraíso musical cobra especial protagonismo por su cantidad y vistosidad e ingenio, la parte encomendada al Coro, tanto a nivel de interpretación como de calidades. Son exquisitos musicalmente y el Coro del Teatro de la Zarzuela cumple bien su cometido.

El desafío de las 30 escenas que nos llevan a los distintos lugares, ha convertido la escenografía de Juan Sanz y Miguel Ángel Coso en una protagonista más. No solamente resulta bella, evocadora y con una estética que recuerda las películas de piratas holliwodienses, sino que es un auténtico trabajo de ingeniería. Despiezada en módulos, éstos tiene la capacidad, cual mecano, de engranarse de diversas maneras, con lo cual vamos de sorpresa en sorpresa, ya que nos llevan a  espacios como es el de un navío de guerra sobre las aguas. Ingeniería también por la fluidez de su traslado, sin rompimientos de la narración, salvo el pequeño truco de ¡Corten!, ¡Repetimos! De esta forma el escenario se convierte en una caja de magia, de la que surgen muchas más cosas que conejos o palomas. Venecia estará presente, de modo poético, en los cicloramas y las góndolas. La multiplicidad de espacios permite a la narración que pueda ser movida, y ayuda a los intérpretes a evitar el estatismo.

Se ha reunido un excelente reparto vocal. Sonia Munck, soprano, muestra, una vez más, su calidad musical llena de matices, que en su romanza La muerte anhela, fue de una gran finura hasta arrancar los aplausos del público. Su personaje de Laura queda un tanto desdibujado en el libreto, pero consigue hacerse con él.

Cristina Faus, mezzosoprano, encarna a la condesa Grimani. No es un personaje de lucimiento vocal espectacular, pero sus intervenciones son limpias y con unos bajos y agudos precisos sin vacilaciones. Brillante en el terceto, junto al Conde y Don Juan. Un terceto que es una delicia como composición e interpretación.   Actoralmente domina bien la escena.

A Don Juan lo interpreta José Antonio López, barítono. Planta corporal, empaque y sonoridad vocal llaman la atención desde su primera salida. Buen fraseo y amplio volumen llenan la escena. Crea bien un Don Juan, al que llena de cierta comicidad e ironía.

Carlos Cosías, tenor, encarna al Conde Grimani, un personaje trazado con cierta comicidad, que explota imitando el acento canario en sus escenas con Juan Manuel Padrón que es Pablo. No fue muy brillante la interpretación vocal de Carlos Cosías, tenor que ha demostrado su solvencia en otras ocasiones. También es cierto que el personaje no da para mucho a nivel musical, salvo el mencionado terceto, en el que es devorado por la magistral vocalidad de Cristina Faus y José Antonio López. Cuestión aparte es su capacidad actoral, en la que muestra un gran soltura.

Tener a Juan Manuel Padrón como tenor cómico es un lujo. Sobrepasa lo que se le puede exigir a tal tesitura en el mundo de la zarzuela, aunque es verdad, que, gracias a Dios, en estos últimos tiempos ese papel se ha cuidado especialmente con auténticos tenores. Tiene una simpática vis cómica que aquí explota con su propio acento canario. A destacar su número de la borrachera, arropado por el coro que onomatopeyiza los instrumentos de la orquesta.

El bajo-barítono Fernando de la Torre en su papel de Marco, un ciego, padre de Laura, sorprende, al inicio, por su reticencia en entrar en la parte cantada, hasta el punto que no se entiende por qué malgastar una voz. Avanzada la representación se ve su razón de ser, pues aunque es una participación vocal de no gran duración, sí resulta brillante su intervención. Actoralmente crea un personaje convincente.

Antonio Torres, barítono, es Andrés, el galán que en el libreto queda un poco difuminado. No tiene tampoco una gran intervención musical, pero ésta, cuando llega,  es llamativa, sobre todo en el concertante.

A destacar la coreografía y movimientos creados por Fuesanta Morales. Quedan bien incorporados en la escena así como dibujan plásticamente las líneas musicales, algunas procedentes de la parte orquestal. Llama agradablemente la atención la danza con los abanicos en la casas del Conde.

Galanteos en Venecia es un bello espectáculo, sobre todo musical y escénico. Argumentalmente se mantiene discreto con un final en el que todo queda según el orden establecido. La orquesta, bajo la dirección de Cristóbal Soler, resultó convincente, con el plus de mérito añadido que, para los músicos, era un auténtico estreno sin referencias anteriores.

 

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   JOSÉ ANTONIO LÓPEZ / CRISTINA FAUS
FOTO: T. ZARZUELA

Título:Galanteos en Venecia (Estrenada en el teatro Circo de Madrid el 24 de diciembre de 1853)
Libreto:Luis Olana
Versión:Paco Mir
Revisión de partes habladasde Esther Borrego (Instituto Complutense de Ciencias Musicales, 2015)
Música:Francisco Asenjo Barbieri
Edición Crítica: Víctor Sánchez
Escenografía:Juan Sanz y Miguel Ángel Coso
Vestuario:Anna Güell
Iluminación:Nicolás Fischtel (AAI)
Coreografía:Fuensanta Morales
Maestro repetidor:Roberto Balistreri
Ayudante de dirección:Carmen Rosa
Ayudante de escenografía:Alberto Muñoz
Ayudante de vestuario:Núria Cardoner
Ayudante de iluminación:Tito Sainz de la Maza
Orquestade la Comunidad de Madrid, Titular del Teatro de La Zarzuela
Corodel Teatro de La Zarzuela
Bailarines:Elena Cabezas, Remedios Domingo, María Ángeles Fernández, Olga Castro, Helena Martín, Silvia Rincón, Rosa Belén Prada, Javier Sánchez, Francisco Guerrero
Figuración:Anna Ramos, David Martín, Alfonso Liébana, Alejo Moreno, Joaquín Castellano, José Sánchez, Alfons Nieto
Intérpretes: José Antonio López (Don Juan),  Juan Manuel Padrón (Pablo),  Carlos Cosías (Conde Grimani) Cristina Faus (Condesa Grimani),  Sonia de Munck (Laura), Fernando la Torre (Marco),  Antonio Torres (Andrés),  Santiago Nogués (Genaro), Jacobo Muñoz (Teniente/Caballero 2º),  Adolfo Pastor (Caballero 1º/Alférez),  Pepín Tre (Pescadero/Criado/Grumete/Regidor) Maribel Lara (Regidora/Cortesana),  Anna Ramos (Claquetista/Cortesana),  José Sánchez, Alfonso Nieto (claquetistas), Aainhoa Martín*, Carolina Masetti*, Milagros Poblador*, Rosa Gutiérrez (Coristas Solos)
 *Miembro del Coro del Teatro de La Zarzuela
Director del coro:Antonio Fauró
Dirección musical:Cristóbal Soler (días 10, 11, 13, 14, 17, 18, 24, 28 y 30 de octubre) / José Sanchís (días 21, 22, 25 y 27 de octubre)
Dirección de escena:Paco Mir
Duración:2h y 30 minutos ( un descanso)
Estreno en Madrid:Teatro de la Zarzuela, 10 - X - 2015

 


José Ramón Díaz Sande
Copyrig


 


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Última actualización el Miércoles, 04 de Noviembre de 2015 13:08