La vida resuelta. Marta. David. Crítica Imprimir

 LA VIDA RESUELTA
COMICIDAD, TRAGEDIA Y POESÍA

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  CRISTINA ALCÁZAR / ADRIANA TOPRREBEJANO/ LAURA DOMÍNGUEZ / JAVIER MORA / CARLOS SANTOS
FOTO: PEPE H 

A toro pasado para Madrid, porque La vida resuelta en el Teatro Infanta Isabel finaliza este domingo 13 de julio de 2014. Programada desde el 23 de abril hasta el 29 de junio, se prorrogó hasta esta fecha. Esto ya es una garantía.

La vida resuelta es un título con cierto toque de ironía, pues las vidas con las que nos topamos vemos que de "resueltas", nada. Como mucho al final, pero no se esconde, también, un interrogante más.

A partir de una sencilla y trivial anécdota, como es la de entrevistarse dos parejas treintañeras y un madre soltera con la directora de una guardería para obtener una plaza, la espera desencadena tempestades en unos y otros. Sus conflictos y preocupaciones no están muy lejos de los que cotidianamente cogen el autobús y van o no van al trabajo. Por eso nos resultan familiares.

Una primera pareja - Jaime (Javier Mora) y Lluvia (Adriana Torrebejano) - está formada por un madurito de buen ver con una joven veinteañera sin malicia ninguna, y con un cerebro aparentemente sin desarrollar. En continua conexión telefónica está su ex-mujer y, por referencia,  su hijo, para el que se pide la plaza. La segunda pareja - Luis (Carlos Santos), Laura (Laura Domínguez) - la forma un matrimonio muy equilibrado, aunque se han cambiado los papeles según los cánones tradicionales: ella trabaja en un puesto relevante y él, periodista de profesión, ha abandonado su carrera para poderse dedicar a escribir un libro y, de paso, cuidar del pequeño, que aún no se vale por sí solo. Ello trae como consecuencia que el libro siempre puede esperar. La madre soltera - Raquel (Cristina Alcázar) - , en principio, tiene vocación de madre soltera: la fecundación "in vitro", le ha permitido no tener que depender de los hombres. Al menos eso es lo que ella nos cuenta.

Este primer planteamiento se irá alterando progresivamente, para descubrir una nueva realidad, que estaba maquillada por las apariencias, no hipócritas, ya que cada uno estaba convencido de su primera realidad. En el fondo, es el eterno dilema de si lo que vivimos es lo auténtico. Sin que los personajes, ni los autores se lo hayan planteado tal reflexión, ya la propuso Calderón: "toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son". Por lo tanto ¿cuál es la realidad? De la quema se salva LLuvia, la joven veinteañera, cuyo exterior e interior no se distinguen. Es un libro abierto. No conviene desvelar más porque "fastidiaríamos" - el término tradicional de una generación -  el invento, y nos cargaríamos una de las virtudes, entre otras, que tiene el texto: el suspense. ¿Quién obtendrá la plaza? ¿Cuál es la verdadera realidad de cada uno, y como resolver el conflicto?

Las diversas temáticas se entrelazan inteligentemente y enganchan al público debido a la actualidad que reflejan. Por ejemplo, el tema de encontrar guardería o puesto en un colegio trae muchos quebraderos de cabeza a los padres primerizos. El madurito con ex-mujer, colgada del teléfono, y sus nueva relación no goza de  un apacible "ménage à trois", y la madre soltera fecundada "in vitro" o en "no vitro" ha creado una amplia polémica en la sociedad, así como el rechazo del hombre, al que, aparentemente, no necesita. Estos temas que podrían formar parte de un melodrama o de varios, son tratados con humor, no con burla o inconsciencia, que provocan la hilaridad del espectador. Un humor no facilón ni burdo, sino sutil, dosificado e inteligente, que puntea de vez en cuando la vena dramática. La dosificación entre el humor y, si se me apura, la tragedia, sin cargar las tintas en uno y otro género, es una de las mayores virtudes del texto que han escrito Marta Sánchez y David S. Olivas. A esta tragicomedia, se le añade un discreto halo poético del final. Comicidad, tragedia y poesía en equilibradas dosis garantizan el éxito del espectáculo.

La estructura dramática está construida a base de escenas de longitud mediana con paso de tiempo, sin irnos a oscuros totales, dentro de las cuales se incluyen escenas más breves al estilo del sistema televisivo o cinematográfico, lo cual no es extraño una vez que Marta y David, proceden del mundo de la televisión como guionistas de series. Esto no quiere decir, que se reduzca a un guión televisivo, ya que se ha sabido crear una estructura teatral, lo cual se consigue mediante un escenario simultáneo: el aula de la guardería, y los dos cuartos de baño de los "pezqueniñes" y pezqueniñas". En este espacio común es donde se desarrollan las otras escenas más cortas, cuya variabilidad de temática proporciona al espectáculo ritmo y agilidad. A este ritmo estructural se suman ingeniosos diálogos breves, salpicados de ocurrencias. No faltan los conocimientos y tópicos - cómo cuidar al bebé  desde el seno materno, los traumas que se pueden crear en los infantes - que los mortales utilizamos en la vida cotidiana, sacados de las wikipedias o del comentario de la vecina. Ello permite abundar en la ironía del texto. Todas estas virtudes consiguen que la hora y tres cuartos que dura la función aproximadamente, se convierta en un soplo.

El espacio escénico acierta al recurrir a módulos, mesitas y muñecos sobre cámara oscura. Aunque en tal concepción puede haber influido el fantasma de los "recortes" - no lo sé - el caso es que funciona bien, pues adquieren un valor simbólico en algunos momentos. Las pequeñas dimensiones de todos los muebles, crean situaciones hilarantes cuando los adultos intentan acomodarse en ellas. Los muñecos y juguetes, elemento fundamental de toda guardería que se precie, traspasan la frontera del "atrezzo" ambiental para llenarse de significación dramática o poética, que encaja bien y sin retoricismos.

A este ocurrente texto se le suma una cuidada interpretación de todos los actores y una inteligente dirección por parte de Juan Pedro Campoy, que mueve muy bien toda la escena, y lleva a cada actor a  su personaje con acierto. No hay desperdicio. Es un trabajo concienzudo y bien dosificado en lo que respecta al humor de cada actor sin recargar las tintes o colocar "gags", tentación habitual en textos que transcurren por el género de la comedia.

Al ser una obra coral, en la que no hay protagonistas, como sucede en las series cómicas televisivas, no es justo destacar, interpretativamente, un actor más que a otro.  Al menos, a mí, no me resulta fácil. Cada uno, en su personaje, está magnífico y resulta muy creíble, tanto en el terreno cómico como en el dramático. En esta excelencia actoral, sorprende el personaje Lluvia, interpretado por Adriana Torrebejano, tanto a nivel de construcción del personaje por parte de los autores como de interpretación.  No es un personaje fácil, pues se mueve en las lindes de la tontita, la frívola inconsciente, la inocente y, al mismo tiempo, con un potencial de humanidad, nacida del sentido común que le proporciona su juventud. Adriana Torrebejano une su atractivo propio al del personaje. Sin que sea una mímesis o una copia, me recuerda a esos personajes, nada fáciles, que interpretó admirablemente Marilyn Monroe en la pantalla: la inocente sexy sin retranca. El personaje que, desde el principio, nos cae muy bien, psicológicamente se engrandece al final y descubrimos que hay mayor madurez en su ingenua juventud que en el resto de los treintañeros personajes. Madurez y poesía.

Javier Mora como Jaime, el inconsciente maduro, que no ha sabido resolver su conflicto personal, está más delineado en la línea cómica, a veces esperpéntica: Su capacidad gestual que desencadena la carcajada en el público. Posee algo del "clown" circense, muy bien dosificado.

Luis viene interpretado por Carlos Santos, que, aunque he hablado de la ausencia de protagonistas, posiblemente lleva un poco más el peso de la función ya que juega a dos bandas. Ello le obliga a un desdoblamiento de personajes, que resuelve con eficacia.

Laura Domínguez interpreta a Laura, la segura esposa tendente a dominar, más que a ser dominada. También se siente obligada a una doble interpretación, ante las circunstancias que se presentan, situaciones que matiza bien.

Por fin nos encontramos con Raquel, la madre soltera, que encarna Cristina Alcázar. Es personaje de variados matices: seguridad en su elección con el "¡fuera hombres!", maniática cómica en el cuidado de su feto, mujer enamorada y necesitada de cariño. Su buena interpretación nos hace caer en la feliz trampa de hacer creíble cada uno de sus personajes. Con ella vamos de sorpresa en sorpresa.

La vida resuelta es un texto que, aparentemente, nos divierte e imagino que esa es una de sus principales intenciones, pero ello no impida que aparezca como una tierna y humorística crítica a la vida de los mortales de nuestra época. El texto y dirección todo un acierto. El público se divierte y se lo pasa bien, alternando la sonrisa y la carcajada.

Por cierto ¿quién gana la plaza de la guardería? La solución más tarde: asistir a la representación. Y hay algo más: esa guardería compagina bien con la inconsciencia de los adultos.

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   CARLOS SANTOS / ADRIANA TORREBEJANO / LAURA DOMÍNGUEZ / CRISTINA ALCÁZAR
FOTO: PEPE H

Título:La vida resuelta
Guión:marta Sánchez y David S. Olivas
Escenografía:Fede Cambero
Música:El zurdo
Dirección técnica:Pedro Antonio Bermejo
Diseño de Vestuario:Cristina Rodríguez
Asistente Figurinista en sesión de fotos:Unai de Mateos
Diseño Gráfico:Sr. Mentekitchen
Jefe de Producción, prensa y fotografía:Pepe H
Produce:La Ruta Compañía de Teatro
Coproduce:44 festival Internacional de Tatro, Música y Danza de San Javier
Intérpretes:Carlos Santos (Luis), Laura Domínguez (Laura), Javier Mora (Jaime), Adriana Torrebejano (Lluvia), Cristina Alcázar (Raquel)
Dirección escénica:Juan Pedro Campoy
Duración:1 hora y media (aprox)
Estreno en Madrid:Teatro Infanta Isabel, 23 - IV - 2014
 

 


José Ramón Díaz Sande
Copyright©diazsande

 

 

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