Wozzeck. T. Real. 2013. Crítica Imprimir
Escrito por José R. Dïaz Sande   
Lunes, 24 de Junio de 2013 16:54
 
WOZZEK
LA FEROCIDAD DE UN INGENUO ANIMALILLO

WOZZEK
LA FEROCIDAD DE UN INGENUO ANIMALILLO
 
 
 SIMON KEENLYSIDE /
FOTO: JAVIER DEL REAL
 NADJA MICHAEL
FOTO: JAVIER DEL REAL
Woyzcek, título de la obra de teatro en prosa de Georg Büchner, se representa con frecuencia (CLIKEAR) Cuando Alban Berg la adapta como ópera, el título, por error de escritura en su edición se transforma en Wozzeck (CLIKEAR), y el compositor lo acepta definitivamente. A pesar de un primer desconcierto por una parte de los espectadores, en su estreno (1925), logró un gran éxito. No es de las más representadas, pero aquel desconcierto ha desaparecido y   se vuelve a ella con cierta regularidad, y más seguridad y confianza tanto para los cantantes como para el público. Una de las mayores dificultades que presenta es la necesidad de una gran orquesta, de ahí que se hubieran escrito adaptaciones para orquestas más pequeñas. En esta versión, el foso del Teatro Real se ha ampliado.
 
En 1824 se ajusticiaba a Johann Christina Woyzeck por matar a su esposa. Se barajaron varios motivos: celos, trastornos de personalidad, complejo de inferioridad, alucinaciones y paranoia con la masonería. Georg Büchner (1813 -1837) toma este hecho real y escribe su Woyzeck, que deja inconclusa y desordenada. Varias han sido las formas de congruencia de la obra en autores y editores.Karl Emil Franzos ordena esos fragmentos y en 1879 se edita. En 1913 se representa por primera vez en el Residenztheater de Múnich. En 1914 Alan Berg asiste a una de las representaciones. Le impresiona y decide escribir libreto y componer la música para esta impactante historia de amor y muerte.
 
La versión que se presenta en el Teatro Real, Christopher Marthaler, el responsable de la puesta en escena, la trae a nuestra época y consigue encajarla, sin reducirla simplemente a un cambio de vestuario o mobiliario.
 
Wozzeck, el protagonista, es un joven que actúa de "chico para todo" en un hangar donde se ha instalado una carpa, en la que se sirve cerveza, comida rápida y posee una serie de juegos hinchables para que los niños brinquen y corran. Un lugar familiar para desfogue de los pequeños mientras los adultos charla o beben, para esos días de fiesta. En el local, Wozzeck sirve las mesas, limpia todo que haya que limpiar, plancha, ordena los zapatos de los niños descolocados de la línea de origen, afeita al capitán... A la carpa acuden adultos y niños, quienes juegan en el exterior y podemos verlos a través de unos ventanales de plástico. Su alegre presencia desenfadada e ingenua, contrasta con el drama de los adultos.
 
Wozzeck no da abasto. Debido a su debilidad mental, es obsesivo y ansioso en todo lo que hace. En este sentido Christopher Marthaler ha sabido encontrar una serie de pequeños detalles para indicar estos aspectos. El mismo  cuidado tendrá con el resto de los personajes, trabajados como si cada uno de ellos fuera protagonista. Esto indica una muy buena dirección de actores.
 
Wozzecknos atrae debido a su inocencia, aspecto que pareció descubrir Büchner en aquel ajusticiado, mal mirado en su época. Alan Berg recoge esta faceta en su libreto y composición musical, que Marthaler sabe traducir muy bien escénicamente. Nos ha entregado visualmente un Wozzeck entrañable, pleno de bondad, al mismo tiempo que de ferocidad. Es como un animalillo ingenuo que nos invita a la compasión y a la misericordia. La escena final de los niños abre una puerta a la esperanza y resume coralmente el alma infantil y pura de un asesino.
 
La puesta en escena está concebida en tiempo real. Marthaler ha tenido la habilidad de concatenar las fragmentarias escenas y construir una narración continua y verosímil. Ha optado por un tratamiento realista - un verismo teatral - que invade la interpretación de los cantantes. Este aspecto es una de las virtudes de este montaje, que muestra una alta calidad interpretativa y por lo tanto una cuidada dirección de actores, consiguiendo una escena dinámica. Da la sensación de encontrarnos ante una obra de texto. El extrañamiento musical, termina por no serlo, pues en vez de distanciar, potencia lo que subyace en los personajes y situaciones más allá de las reacciones y comportamientos externos de los ellos. 
 
De la partitura de Alan Berg, controvertida en su época, ya que utiliza sonidos y acordes nada convencionales, se ha dicho que abre las puertas a la ópera moderna. Hoy seguimos teniendo esa sensación, y seguimos calificandola como tal, a pesar de que han pasado, desde su estreno, 88 años, y la ópera actual dista ya bastante de ella.
 
Volver a oír la partitura, nos lleva a calibrar la monumentalidad de los sonidos que captan a la perfección el mundo convulso de la desquiciada mente de Wozzeck, cobrando mayor protagonismo en los fragmentos instrumentales. Tales momentos funcionan como si fuera una banda sonora cinematográfica, que aprovecha Marthaler para seguir contándonos la historia, sin que haya vacíos interpretativo y sí sensaciones emocionales.
 
Es una partitura de no fácil ejecución para la orquesta y, sobre todo, para los cantantes, que está muy alejada de la ópera convencional de finales del siglo XIX y principios del XX. Los abruptos agudos surgen sin preparación melódica previa y, en varias ocasiones, tiene que superar el estruendo orquestal.
 
Cuatro son los protagonistas, en lo que respeta a más extensión vocal, de Wozzeck: Marie (Nadja Michael), el Capitán (Gerhard Siegel), el doctor (Franz Hawlata) y Wozzeck (Simon Keenlyside), el cual, en esta versión, queda realzado debido al aspecto interpretativo y de movimiento del barítono Simon Keenlyside. Ha tenido un gran cuidado en construir externamente su personaje, a través de detalles y pequeñas acciones que nos dan perfectamente el carácter y personalidad del protagonista. Si, ya, el personaje de Büchner es una filigrana psicológica, Simón lo potencia. Resulta magistral en este aspecto, así como su capacidad vocal. Una potente voz que modula bien los contraste vocales de la composición, y que consigue emocionarnos: va desde la ingenua dulzura a la ferocidad de un animal acosado.
 
La tesitura de Marie no es fácil debido a los contraste de bajos y agudos, que Nadja Michael emite con naturalidad y sin forzamiento. A esta calidad sonora une su capacidad interpretativa, acudiendo a un cierto realismo. Nada que envidiar a una actriz de prosa.
 
El tenor Gerhard Siegel, cuyo personaje es el Capitán y dramáticamente se le califica de tenor bufo, impone por su fraseo musical y su potente voz. Franz Hawlata, que interpreta al doctor, no le va la zaga, en su menor intervención musical.
 
A nivel general este Wozzeck del Teatro Real es un acierto en muchos sentidos. Tal vez, en esta temporada 2012/13, ha sido uno de los espectáculos más interesantes. Llama la atención el que además de interesarnos por la partitura, lo hagamos también por la misma historia que nos llega muy adentro. Todo ello gracias a esa conjunción, que no siempre se da, entre una admirable dirección de actores y unas nada despreciables calidades vocales.
 
Sylvain Cambreling, buen conocedor de la partitura de Berg, alcanza momentos grandiosos, y brilla especialmente en las partes instrumentales.
 
Otros Wozzeck han sido más tortuosos y más complejos. Aquí se ha rebajado esa línea épica y se ha acercado más a un nivel cotidiano: un ser que nos podemos encontrar fácilmente. Eso es lo que hace que nos llegue más adentro.
 
El sábado 15 de junio los aplausos fueron generosos y entusiastas.
 
Título: Wozzeck
Libreto y música: Alan Berg, a partir de Woyzeck de Georg Büchner
Dramaturgo: Malte Ubenauf
Escenógrafa y figurinista: Anna Viebrock
Iluminador: Olaf Winter
Codirector de escena: Joachim Rathke
Colaboración a los  movimientos: Thomas Stache
Asistente al director musical: Aranud Arbet
Asistentes del director de escena: Carolin Steffen-Maaβ, Bárbara Lluch
Asistente al iluminador: José Luis Alegre
Maestros repetidores: Riccardo Bini, Mack Sawyer
Nueva Producción en el Teatro Real, procedente de la Opéra National de París
Pequeños Cantores de la JORCAM
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real (Coro intermezzo / Orquesta Sinfónica de Madrid)
Actores: Altea Garrido/ Caroline Torlois (Dos madres), Bendix Dethleffsen (Pianista), Raphael Clamer (Joven)
Intérpretes: Simon Keenlyside (Wozzeck), Jon Villars (Tambor mayor), Roger Padullés (Andrés), Gerhard Siegel (Capitán), Franz Hawlata (Doctor), Nadja Michael (Marie), Katarina Bradić (Margret), Scott Wilde (Primer aprendiz), Tomeu Bibiloni (Segundo aprendiz), Francisco Vas (Loco), Antonio Magno (*)(Soldado), Enrique Lacárcel (*)/ Álvaro Vallejo (*) (Muchacho), Lorenzo Bini Bicchierai (º) Diego Ramos Ruano (º)
* Miembro del Coro Titular el Real
º Miembro de los Pequeños Cantores de la JORCAM
Director del coro: Andrés Máspero
Director musical: Sylvain Cambreling
Director de escena: Christopher Marthaler
Edición musical: Wozzeck de Alan Berg, Libreto del compositor, basado en la obra de Georg Büchner. Universal Edition, A.G. (Viena)
Duración: 1 hora y 50 min. (sin descanso)
Estreno en Madrid: Teatro Real,  3 - VI - 2013
 
 GERHARD SIEGEL / SIMON KEENLYSIDE /
FRANZ HAWIATA
FOTOS: JAVIER DEL REAL
 

 


José Ramón Díaz Sande
Copyright©diazsande


FOTO:
BOGUSŁAW TRZECIAK

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Última actualización el Martes, 25 de Junio de 2013 09:45